Siempre pensé que cuando llovía lo hacía por el dolor del mundo, que toda la mierda del mismo tendía a subir hacia el cielo y que cuando este no aguantaba más tanto dolor reventaba en miles de relámpagos y se desbor
daba por sus lagrimales; yo también me hubiese cabreado muchísimo si hubiese tenido que aguantar tanto mal. Todo ese pensamiento era debido a que nunca se me dieron bien las ciencias, además de esa extraña y alejada visión que siempre tuve de la realidad. Sin embargo, contigo descubrí que cuando llueve es para olvidar, y es por eso que los cielos se suelen mantener a una distancia prudencial de la tierra. En realidad, el dolor, por muy hijo de puta que sea, es una auténtica minucia comparado con esos constantes arañazos de los animales salvajes que te rasgan las internas vestiduras: El vacío, el recuerdo, la impotencia de saber que te quiero sabiendo que tú si puedes estar sin mí.Y me arde, y me muerden, y me consumen, y me matan... y ahora lo único que puedo hacer es llover sabiendo que no tengo paraguas, sabiendo que te tengo dentro y no te puedo sacar.
Tengo la sensación que aveces lluevo recuerdos con sal y otras sentimientos teñidos de hemoglobina. Incluso, que cuando lluevo esos recuerdos salitrados, aún fingiendo estar bien, estos son capaces de recorrerme el cuerpo en busca de las heridas aún no cicatrizadas, y hacer emerger de allí cada molécula de cada una de las cosas que sentí y todavía siento por ti, y que a causa de estas vuelvo a llover malditos momentos contigo, y el proceso se vuelve a repetir constantemente, y yo no sé salir de ahí, de ese círculo.... y yo no sé olvidarte.
[Sé que cuando dejen de verme llover todavía seguiré lloviendo por dentro, ¿o acaso las nubes no llueven por dentro cuando hay sol?]
Escrito por Daniel Calderón Martín
Imagen encontrada en Getty Images.- Umbrella on the stairs.- Yoshika Sakai









