26 de junio de 2010

Efectos Colaterales IV

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Y lloré. Sentí como me desangraba en sudor frío y tenía miedo. Me dolían demasiado todos aquellos agarrones que me desgarraban lo que yo creía ser. Tenía miedo que por jugar me hubiese perdido.

Miré el arma acomodada en mi mano, ya tan habituada a ella, tan estilizada, tan bella, tan mortal… La alcé rápidamente y apunté; quité el seguro y ¡Bang! Comencé a disparar balas fingidas a ese extraño ser que el espejo se había empeñado en reflejarme. Una y otra vez, y otra, y otra más, pero no conseguí apear a ese monstruo de mi cuerpo. Tenía miedo de mí mismo, tenía miedo de ese reflejo, pero tuve que habituarme.

Me sentí mareado y me abandoné en los jirones de un viejo tresillo, aún así sentí hundirme y clavar las rodillas contra el suelo. Agarré, no sin esfuerzos, una botella de whiskey barato ya empezada, deseando que con el contenido irrisorio que quedaba fuera suficiente como para dejar de existir unas horas en esta realidad.

Desperté entumecido. Se me quejaban las magulladuras y los golpes, ya convertidos en moratones. Veía mi mundo dar vueltas entre una extraña y espesa nube de humo. Intenté levantarme y beber algo de agua, pero un dolor punzante, como si me hubiesen golpeado con una barra de acero, me atravesó el cráneo y caí doblado de dolor. Varias veces me sentí al borde de la inconsciencia.

Intenté dormir algo más, sin éxito, pero al menos pude contentarme con permanecer en un ligero estado de duermevela.

A medida que el tiempo corría, la nube se disolvía, las heridas se quejaban menos, las cosas estaban más estáticas y los golpes con la barra de acero dolían menos.

Me desnudé por el camino al baño, dejando por el pasillo la ropa manchada de sangre, sudada, rota…y me metí en la ducha

Solo duré dos minutos, solo ciento veinte segundos y ya estaba derrumbado entre las enormes murallas de la bañera, sentado y dejando que aquella lluvia inventada de múltiples gotas de agua se entremezclaran con las que yo lloraba. No sé cuanto estuve, ni siquiera recuerdo lo que allí pasó, solo recuerdo la sensación de encontrarme solo, enajenado, vacío, muerto…

Cuando conseguí volver en mí me sorprendió una oscuridad tan cerrada, y caí en la cuenta que había olvidado mirar el reloj

Me levanté y salí de la bañera corriendo, desnudo, con las palmas de las manos y la de los pies arrugadas, pintando huella uniformes de mis pasos sobre el suelo.

Tic-Tac Tic-Tac Tic-Tac Tic-Tac. Las doce y veintinueve de la noche.

Me quedé inmóvil, sin pensar en nada, sin latir en nada. Toda una existencia fija en un maldito y simple segundero que iba contra mí. Solo algo, no se el qué, me pegó una patada a la altura del pecho e hizo que volviera a latir, a crear sístoles y diástoles, que volviera a respirar y que el oxígeno llegara a la sangre que iría a mi cerebro a darle fuerzas para pensar.

Me puse algo encima, lo primero que pillé y corrí, no se donde pero corrí…

El barrio extrañamente estaba rodeado de silencios. No habían coches, ni ventanas encendidas, ni siquiera había luna. Todo era oscuridad, una terrible, fría y oscura oscuridad. Y allí en medio estaba yo, absorbido por la misma, solo siendo latidos, solo siendo respiración.

Llegué a la avenida Brady y a medida que avanzaba paso a paso, notaba el aire más corrompido, el silencio dominante más aterrador, la tensión más fiera, tanto que ya hacía daño.

Un grito aullado reventó la calma y esclavizó los silencios ya desterrados. Los gatos callejeros huían y se subían a los tejados. Las ratas escapaban por alguna rendija que daba a parar a alguna cloaca.

Tal vez aquella farola fuera de las pocas que brillaban con tanta intensidad, o esa era la sensación que tenía yo, porque aquella farola casualmente brillaba en aquella esquina y se empeñaba en mostrar una danza agresiva de sombras en la pared.

Tic-Tac Tic-Tac Tic-Tac Tic-Tac Tic-Tac. Las doce y treinta y seis.

-Hijo de puta- gritaba en clave de voz ronca un hombre- Ahora sin tenerme rozando el cuello con tu navaja ya no eres tan fiero ¿eh?

Me detuve en la esquina intentando descender las pulsaciones a la normalidad, intentado escuchar lo que ocurría en la boca de aquel callejón, intentando dejar de intentar.

-Lo siento- gritaba otro hombre que rápidamente reconocí. Era Michael.-Me he equivocado de persona.

Me asomé sigilosamente para espiar y descubrir a un hombre de color, trajeado, golpeando con la misma brutalidad, o quizás más, con la que él me golpeo a mí. Me fijé en el porte de aquel hombre, de espaldas a mí, y deduje que no, Michael no se había equivocado, ese hombre era la persona con la que yo me tenía que reunir, pero ¿Para qué? ¿Quién era?

Michael me descubrió y me miró directamente a los ojos, clavándome, pidiéndome que le salvara la vida al igual que él ya había hecho conmigo. Ciertamente yo hacía ya unas horas que debería estar muerto

Volví a esconderme, a apoyar la espalda contra la pared, a pensar; a descubrir en mi mano la pistola, tan acomodada ya en mi mano, tan estilizada, tan bella, tan mortal…que inconscientemente la había cogido, y que inconscientemente la había mostrado mientras corría por al calle. Seguro que alguien me había visto, pero también era seguro que no era la primera vez que la gente de allí veía una como aquella.

Escuché más golpes, más dolores, más quejas, más insultos, más auxilios en silencio traspasando la pared y llegando a mí…

Solo cerré los ojos y no pensé, no pensé en nada más, solo pensé en mí, en que quizás hacerlo me iba a salvar. No pensé.

Solo me volví, veía a aquel hombre incluso con los ojos cerrados. Solo apreté el gatillo. Solo disparé. Uno, dos, tres. Tres sacudidas, tres sonidos estridentes, luego…luego todo fue silencio.

-Corre imbécil, corre-gritó Michael al pasar por mi lado.

Y volví a abrir lo ojos, y vislumbré a aquel hombre sangrado, retorciéndose de dolor, creando en su rostro extrañas muecas… Solo lo vi, mirada con mirada, y entonces me sentí más especial que nunca, solo durante un segundo y eché a correr…

Solo corrí medio minuto y me corté el alma en dos, mirada con mirada, lo descubrí y volví hacía atrás con las mano invisiblemente ensangrentada, con el dolor de cada paso, de cada respiro…

Aún seguía siendo él, esa nobleza, esa bondad, ese carisma, esa personalidad arrolladora. Todavía lo vi, aún teñido de escarlata y de dolor a él, a mi amigo, a Steve.

Y en mis brazos...

Y lloré… de todo, de rabia, de alegría, de hundimiento.. Lloré.

Tengo miedo a respirar y que hacerlo valga la pena. Tengo miedo a que todo lo hecho salga impune. Tengo miedo a que el sentimiento de culpa logre escapar. Tengo miedo de que esté dolor me mantenga con vida estando él…

él…

él…

en mis brazos...

Mi Steve.



Texto: Daniel Calderón Martín

Imégenes: Google



13 comentarios:

el arte de sentir dijo...

Bueno...Ya está el nuevo capítulo jejeje. Me ha salido algo extenso, pero espero que os guste.
Ahora saldré y a descansar un poquillo y luego os visitaré. Prometido.

Meme dijo...

Qué triste, maldita sea!

Ruth dijo...

Wowwwwwwwwww lein, como mola que sea extenso, cada día disfruto más de leerte, te superas tío y lo haces con creces, sigue así y mucho ánimo.

Besitos.

el arte de sentir dijo...

[Meme] Plas! Efecto colateral, la vida devolvió...es muy triste, muy agónico... Gracias

el arte de sentir dijo...

[Ruth] Querida amigas, gracias por tu palabras y por tus ánimos. Me alegro que hayas disfrutado de este efectos colaterales.
Un beso

La sonrisa de Hiperión dijo...

Demasiado triste, hay que pintar sonrisas por las paredes, sale más rentable...

Saludos y un abrazo.

Rebeca dijo...

Menudos efectos colaterales! la escena del espejo me ha recordado a la peli de Taxi driver. Rebasar la línea que separa el bien del mal es demasiado fácil.

el arte de sentir dijo...

[La sonrisa de Hiperión] Toda la razón pero es tan emocionante intentar describir un persona perturbado, oscuro, perdido...

el arte de sentir dijo...

[Rebeca] Es cierto, rebasarla es muy fácil, dejarse llevar por la corriente...

A n d r e a. dijo...

Jope, no veas cómo me ha gustado. Ha sido emocionante. Y esa escena de la bañera escupiendo gotas de agua mientras él impune a todo las deja hacer, es impresionante:)

pero por ahí arriba tienen razón, sale más rentable dibujar sonrisas por el aire. en cualquier caso es genial;)

un muá llenido de caramelo

el arte de sentir dijo...

[Andrea] Jejeje,muchísimas gracias. Me alegro que te haya gustado y lo hayas disfrutado

Fernanda dijo...

"Me detuve en la esquina intentando descender las pulsaciones a la normalidad" esa frase me gustó muchisimo ...
Tus textos son extensos pero bueno, muchos saludos!

el arte de sentir dijo...

[Fernanda] Muchas gracias por leerme, y porque te haya gustado. Sé bienvenida